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La gran desconexión nuclear en Río Negro

La gran desconexión nuclear en Río Negro

miércoles 06 de septiembre de 2017, 15:54h

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Desde el CEDyAT ven la compleja situación que atraviesa el proyecto de construcción de la V central nuclear, que pone en escena una discusión latente desde hace muchos años en Argentina: cada vez que aparece algún proyecto importante vinculado con la tecnología nuclear empiezan a surgir fuertes discusiones en la ciudadanía.

Las autoridades ya deberían saber que “sin participación no hay compromiso”, y también que los argentinos ya no admiten imposiciones abusivas de ningún sector político cuando perciben “oportunismo e improvisación”, que pueden afectar su calidad de vida.

La falta de estrategia participativa es evidente, frente a una población que legítimamente necesitaba canalizar sus dudas y temores ante un megaproyecto de este nivel, previa a los anuncios. Un proceso de conexión con la realidad nuclear hacia la población requiere años de idas y vueltas –no meses–, con equipos de expertos profesionales interdisciplinarios que efectúan un diagnóstico social respecto de los niveles de aceptación o de rechazo, estudios cuali- y cuantitativos, es decir un abordaje sociológico, ambiental y antropológico integral, entre muchas otras cuestiones de orden práctico. Eso claramente no sucedió. Los pobladores se enteraron por los diarios. De un día para el otro. Una imposición así generalmente suscita resistencias irreversibles y conflictivas. Las autoridades gubernamentales permanecieron en la lógica del pensamiento binario ante una realidad multidimensional que la dinámica ciudadana requiere ante estos casos, y quedaron atrapados en la lógica de sus debates electorales, sin detectar la evolución de sus propios votantes. El resultado de las PASO se los demostró con absoluta crudeza.

La extensa trayectoria nuclear de primer nivel internacional de la provincia reflejada en la actividad de la CNEA en Bariloche, el Instituto Balseiro e Invap no fue suficiente. El abordaje desde la historia nuclear provincial hubiera sido un muy buen punto de partida para iniciar un recorrido de participación ciudadana respecto de la viabilidad del proyecto.

También se podría haber recordado a los vecinos que ya hace veinte años Río Negro apeló a la generación térmica y en un proceso repleto de irregularidades, que no tuvieron ni una sanción, impulsó la construcción de una central eléctrica a gas en el norte de Roca. Los rionegrinos pagaron sobreprecios millonarios por esa energía que, hoy en manos de otros dueños, quema gasoil, uno de los combustibles más contaminantes que emiten gases de efecto invernadero. Y nadie acusa recibo de ello ante la disruptiva situación del cambio climático.

Era preferible explicar con suficiente tiempo y de todas las maneras posibles a la población que mientras las centrales térmicas convencionales queman combustibles fósiles para la producción de electricidad una central nuclear obtiene su energía de la fisión del átomo de uranio, sin contaminar la atmósfera con óxidos de carbono, de azufre, de nitrógeno, ni otros productos de combustión, tales como las cenizas.

La participación ciudadana es uno de los aspectos que ha marcado la agenda de las políticas públicas de los últimos tiempos en Argentina, tanto por su valor estratégico para el fortalecimiento del sistema democrático y como demanda real de distintos sectores de la sociedad civil. Sin embargo, el sentir emocional de la población no fue considerado en el acuerdo explícito entre las autoridades nacionales y provinciales, generando rechazo ante lo desconocido e incertidumbre sobre lo que la energía nuclear podría generar en los habitantes de la región.

El conflicto fue subiendo de tono, sin disipar las dudas, en un contexto electoral como el actual, junto a las contradicciones del gobernador, Alberto Weretilneck, quien elevó un proyecto de ley para prohibir la instalación de la central nuclear en la provincia. Sin respeto mutuo, honestidad, diálogo abierto, transparencia y respuestas oportunas a las inquietudes de la comunidad no puede existir credibilidad. Improvisar en materia nuclear es desaconsejable, revela poca pericia siendo además muy riesgoso.

Estas inconsistencias producen una gran pena, dado que en el campo científico-tecnológico que se desarrolló alrededor de la ciencia nuclear Argentina ha mostrado una coherencia intertemporal y una madurez poco frecuentes en nuestro país.

Junto con el fracaso de no lograr uno de los objetivos principales de atraer inversiones externas, la mala noticia viene acompañada de una vivencia amarga, desagradable y frustrante para el sector, que ha demostrado en otros proyectos claros ejemplos de sus capacidades de calidad exportable y con alto valor, que pueden lograr los argentinos cuando las cosas se hacen bien.

*Director ejecutivo del CEDyAT-UVT ley 23877, organismo técnico que realizó el estudio de impacto socioambiental en la provincia de Córdoba para la modernización de la central nuclear de Embalse

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